sábado, 15 de enero de 2011

¿Qué hacer cuando ante casi todo se duda?

Hna. Carmen de la Flor
MUP
            Es una pregunta que me hago muy a menudo cuando pienso en mi trabajo de fin de máster. ¿Qué tema elegir? ¿Qué materia? ¿Hay algo que me guste especialmente?... Son preguntas que en la mayoría de los casos no tiene respuesta. Y el hecho de tener que entregar un boceto que indique cual va a ser mi línea de trabajo me angustia. Sí, es cierto que hay temas muy interesantes para mí y a los que les dedicaría una parte importante de mi vida. Pero todos aquellos en los que pienso están relacionados con la investigación personal y no tanto relacionados con la secundaria. Esta reflexión surge en mí a raíz de la lectura del capítulo cuarto del libro que estamos leyendo. No debemos hacer una tesis doctoral, pero nuestro trabajo de fin de máster sigue las líneas generales de éste. Pensaba en qué es lo primero que debo hacer para que mi trabajo sea fructuoso y hallé la respuesta en el texto: “Para el feliz desarrollo del trabajo cooperativo que es una tesis doctoral hace falta una cierta empatía entre quien escribe su tesis y quien la dirige, unas “buenas vibraciones” que sin necesidad de palabras creen el marco de ese diálogo enriquecedor”[1]. Ninguno de nosotros hemos elegido a nuestro tutor pero debo confesar que desde el principio estuve de acuerdo con el que me habían asignado.  Por mi parte, hay “buenas vibraciones” aunque por la suya nada sé. La verdad es que la razón por la que nos conocimos no fue del todo agradable pero ya aquel día sentí que era una persona comprensiva y dispuesta al diálogo… en su mirada vi sinceridad y cercanía. Ahora creo haber comprobado que realmente es así y, sin duda, estoy de acuerdo con él en afirmar que: “La relación básica entre los seres humanos es la confianza, y la confianza no se impone, sino que se inspira. Nos inspiran confianza quienes se empeñan por articular lo que dicen con lo que hacen, por aunar su pensamiento y su vivir. Sobre todo nos inspiran confianza quienes nos quieren y no tienen reparo en que se note, quienes nos tratan familiarmente. Por eso, para forjar relaciones comunicativas con los demás lo que se necesita es corazón”[2]. Y es que cuando en las relaciones personales de amistad, de camarería e incluso me atrevería a afirmar, de investigación cooperativa hay Amor, todo se hace más fácil y sencillo. Las dificultades se superan fácilmente y todo lo suple la comprensión que brota del amor.
            Es cierto que tengo una ventaja especial en el conocimiento de mi tutor. Sé como piensa, cómo trabaja y qué es lo que espera. La lectura del libro del taller de la filosofía me ayuda a conocerlo mejor y a saber cuáles serán las líneas por las que desea que este trabajo vaya adelante. El amor a mis lectores, el trabajo eficaz y laborioso. La corrección en la expresión y en la ortografía. La sencillez y la tenacidad son virtudes que intuyo son para él muy importantes y que desea transmitir a sus alumnos y doctorandos.             Tengo la certeza de que me corregirá rápidamente si me equivoco y que buscará en todo momento el trabajo bien hecho, el trabajo con perfección.
            La perfección es una meta en mi vida, que sé no conseguiré en este mundo, pero el tender a ella hace mi trabajo mejor y mi vida más feliz. Ya que consciente o inconscientemente el hombre busca siempre y en todo lo mejor. Me impresiona pensar que por mi tipo de vida, estoy siempre deseosa de saber, de conocer la Verdad. La que para mí es la única verdad, mi silencio cuando es verdadero silencio es búsqueda incansable, diálogo amoroso con aquel que llena mi vida. Mi silencio es amor, es comprensión, es entrega a la vez es afianzamiento en una vida no fácil, pero hermosa. Pero soy consciente de que “Los seres humanos naturalmente anhelamos saber, pero lo que sobre todo necesitamos es sentirnos comprendidos. La comprensión incluye no sólo la captación intelectual, sino también el afecto. Quienes se dedican profesionalmente a la búsqueda de la verdad desean comunicar la verdad hallada, desean compartirla con los demás – e incluso con aquellos que todavía no han nacido pero que algún día, quizá por casualidad, llegarán a leer sus libros”[3], sus apuntes, sus reflexiones… ¡Cuánto he aprendido yo de personas sabias que han sabido dar a entender sus pensamientos! ¡Cuánto debe la Iglesia a sus Santos Padres y Doctores!
            En fin, sé que ya tengo mucho camino adelantado pero me falta algo muy importante: elegir el tema a estudiar. Mientras lo encuentro seguiré leyendo y trabajando. Seguiré luchando por encontrar lo bueno y noble  que hay dentro de mí para saber transmitirlo a mis futuros alumnos y ayudarlos en su búsqueda de la Verdad.























[1] Nubiola, el taller de la filosofía, p. 201.
[2] Nubiola, el taller de la filosofía, p. 205.
[3] Nubiola, el taller de la filosofía, p. 185.

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