sábado, 15 de enero de 2011

Lo novedoso llama la atención

Hna. Mariana Bercini
MUP



            Solamente una vez tuve que escribir sobre mi vida. Fue para un trabajo de Historia contemporánea, en el que el profesor nos exhortaba a recordar el pasado, reflexionar sobre el presente y para el que era valiente, proyectar hacia el futuro. No se si me ayudó a crecer en hondura, creatividad y transparencia (cfr. p. 25), pero de lo que si estoy segura, es que el poder llevar a cabo la actividad de articular entre pensamiento y vida, es una tarea y un “desafío”, difícil y comprometido. Difícil, porque con el paso del tiempo las cosas se ven diferentes. Y lo que en su momento veíamos una catástrofe, los años se van encargando de hacerlo más liviano. Con respecto a esta cuestión, me llamó mucho la atención, la frase que leí en el libro “…hay muchas verdades triviales que no tienen interés ni importancia alguna” (cfr p 34) y lo primero que se me ocurre es preguntarme si la verdad es siempre la misma o una verdad que para mi lo era hace quince años ahora ha dejado de serlo. Y me respondo, considero que una verdad siempre es verdad “ayer, hoy y siempre” (Carta a lo Hebreos, 13, 8), lo que si me parece oportuno apuntar es que –y ahora me pongo en la piel de un profesor- para un adolescente lo que ahora es verdad en unas horas dependiendo de las circunstancias o del estado de ánimo, deja de serlo. Y esto es precisamente por una cuestión que hoy en día caracteriza especialmente a esta sociedad que es la inseguridad que tienen nuestros teenergers, y que les hace tambalear delante de una verdad verdadera. Me cuestiono realmente la idea de verdades triviales, y me cuesta aplicarlo a otra cuestión que no sea la explicada hacia el adolescente. Aunque la trivialidad, la inconstancia, no solo son “actitudes” del adolescente, sino que me atrevería a afirmar que mucho tiene que ver la forma en que haya sido educado una niño, para corresponder en su actuar de mayor. Y no estoy alegando que no existe la posibilidad del cambio, al que para todos es posible, pero insisto que una buena educación hace la vida de las personas mejor.
            Otras de las frases que me llamó la atención del libro, y que la relaciono con lo expresado anteriormente es: “La carencia de rigor conduce a la ambigüedad y a la confusión, la falta de profundidad a la trivialidad y a la superficialidad” (cfr. p. 36). Al buscar un sinónimo de rigor uno se encuentra con dos tipos de descripciones, o bien rigor en tanto dureza o severidad, o bien rigor como firmeza y tenacidad. Con estas dos últimas me quedo. ¡Qué importante debe ser para toda persona el formarse con o en la firmeza y la tenacidad, para, entre otras cosas, evitar caer en la ambigüedad! Una persona firme está realmente convencida de sus ideales, y no se deja llevar por cualquier corriente que pasa. Para él la verdad, no es relativa, se conoce a si mismo, y puede ser capaz de llevar hasta las últimas consecuencias la verdad en la que está cimentada. La persona tenaz, es la que es constante, lucha, avanza hacia delante y aunque el viaje se le haga largo y duro, no lo abandona. Tiene la mirada fija en unas metas concretas, a la que seguramente llegará por su fuerza de voluntad. Pienso ahora mismo en una persona que estudia, que trabaja, pero también que lleva una vida de oración dirigida. Estas dos virtudes favorecen, especialmente, al desarrollo y madurez de las personas, y ayudan a evitar a caer en defectos como la ambigüedad, la confusión, la trivialiadad y la frivolidad.
            La ambigüedad, así como la superficialidad son otros de los problemas o vicios de los cuales el hombre de nuestra sociedad es su gran víctima. ¡Cuánta desconfianza me da una persona ambigua! Sin embargo, el sentimiento que me causa una persona frívola (a no ser que yo también lo sea) es más bien de cansancio, de saturación o incluso de pena. Como futura profesora, considero que puede ser importante el saber tratar a este tipo de personas, que, según los tiempos que corren, no parece vaya a disminuir la cantidad.
            Como bien expresa en el libro, según Peirce, sólo lo novedoso llama la atención (tarea del frívolo), por lo tanto, y como consecuencia de esto, como lo más ordinario nos resulta transparente, no lo advertimos Es una pena, que solo me deje llevar por lo extraordinario, lo novedoso, lo que me causa sensación ahora, y no porque esté mal, sino porque dejamos de lado cosas maravillosas que por ser tan mías no soy capaz de darles el valor que realmente tienen. Y que por no cuidarlas se me pueden escapar. Y sino ¿qué le ocurrió al hermano mayor del Hijo pródigo?

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