Hna. Mariana Bercini
MUP
Me llamó agradablemente la atención la frase que leí en el capítulo 4 de El taller de la filosofía, cuando dice que “la educación es la relación interpersonal más comunicativa que hay” (p. 194) Y educación se refiere tanto a enseñanza como aprendizaje. Debo reconocer que como futura profesora uno de mis mayores temores es no saber comunicar. Comunicar lo que pienso, lo que siento, lo que enseño… comunicarme con mis alumnos.
Me licencié en Humanidades en el año 2010 en la Universidad de Navarra. Llevo cuatro meses haciendo el Máster Universitario para Profesores. Una de las frases que más me llamó la atención en una de las clases a la que asistí con razón de prepararme para el profesorado fue: “es tremendo el poder o la responsabilidad que el profesor puede ejercer sobre el alumno, cuando existe entre ambos una posible comunicación”. Esta declaración de un profesor de secundaria me ha llevado a pensar la importancia de esta vocación cuyo fin inmediato son las personas que se relacionan entre si, por medio de la comunicación.
Considero que educar es un proceso de socialización, de desarrollo humano, donde una comunidad o un grupo social transmite –siguiendo a Dewey- “su capacidad adquirida y sus propósitos”, por medio de la comunicación. Por eso personalmente creo que educar es ayudar a crecer (en integridad, personalidad, solidaridad, compromiso),sin olvidar nunca que un proyecto de mejora supone siempre la afirmación de valores. El profesor tiene que estar convencido de que existen cosas buenísimas para dar y de que la educación es una tarea compartida, ya que el propio educador, al educar también se educa y crece. Esto me parece muy importante, ya que el profesor tiene mucho que aprender de sus alumnos, de lo que estos le comunican, que en este caso no sólo son instrucciones académicas sino, actitudes, logros, fracasos, alegrías…
Estoy convencida que la educación de un adolescente se realiza entre tres sujetos: alumno, profesor y padres, contando además con el mundo exterior (compañías, redes sociales…) La relación entre los profesores y los padres es fundamental. Tiene que existir una confianza entre ambos, de tal modo que el profesor pueda actuar con libertad y los padres con “tranquilidad”. Y, ¿cómo se logra esto si no es por medio de un entendimiento, entiéndase buena comuniación?
Recuerdo de manera especial a mis maestros y profesores que supieron ser grandes comunicadores de su asignatura, como de la vida misma. Por nombrar a algunos de ellos, el primer puesto, lo ocupa la “Puri” (así le decíamos, no por llamarse Purificación, sino porque su apellido era Puriccelli) No solo se limitaba a impartirnos Lengua y Literatura, sino que transmitía la asignatura de una manera atrayente a todos los alumnos, incluso, para aquellos que nos gustaba poco. El segundo puesto, se lo gana Bechi Bellesi, profesora de Historia. Bechi, por diversas circunstancias, quizá ideológicas, no se llevaba bien con todos mis compañeros. Sin embargo, era una profesora que todos respetábamos y esperábamos sus clases con intriga, porque nunca sabíamos con que nos iba a sorprender. Era una comunicadora genial. Se adaptaba a nosotros con facilidad. Le podíamos comentar todo lo que pasaba dentro o fuera de la clase, y se preocupaba por darnos soluciones a todo cuanto le cuestionábamos.
Reconozco que el ser buen comunicador no es nada fácil, más aún con la mentalidad de los adolescentes de hoy en día. La mejor manera de dar de lo que tenemos, es hablando, dialogando, dando razones, mandando a hacer, y siempre dando ejemplo. Que el alumno vea en nosotros que nos ocupamos, que les damos oportunidades, que explicamos, que buscamos soluciones.
Ciertamente tendré que educar, enseñar, formar a alguien, y ayudarlo a aprender, a razonar, pero principalmente a crecer. Esto puede ser loable en la medida en que sea capaz de implicarme. La clave de todo está en saber comunicar lo que deseo, lo que se que es bueno para ellos.
Para finalizar el trabajo, me gustaría “ponerme” una pequeña meta, que desearía cumplir a lo largo de mi vida como profesora: que sepa entender al alumno, que no me cierre, que tenga capacidad de traducir para comprender lo que el alumno quiere o espera, que le ayude a crecer como persona y para eso me parece oportuno recordar que:
Para saber lo que hay que hacer,
hay que hacer lo que quieres saber.
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