lunes, 10 de enero de 2011

DE LA CONSTITUCIÓN MORAL DE LA SOCIEDAD A LA EDUCACIÓN MORAL SEGÚN DURKHEIM.

     ¿Cómo mejorar el texto de Durkheim? Fue la primera pregunta ante la que nos enfrentábamos en clase. La evidencia era clara, el pensamiento también, pero las palabras no fueron las adecuadas. Ahora, sabiendo la solución verdadera me enfrento al comentario de este texto sabiendo que sólo desde la formación interior de la virtud y, por tanto, de la adquisición de hábitos buenos, el hombre es capaz de llegar al bien personal y social. Durkheim nos muestra dos grandes problemas en la sociedad:
1. Demanda en la sociedad de una educación cívica como consecuencia del deterioro moral de la sociedad y su consiguiente falta de cohesión social.
2. Enorme suicidio en nuestra sociedad actual.
            El gran problema de la sociedad en que vivía Durkheim es la anomia, que se explica como resultado de la “falta de regulación y de control moral que sufren muchos espacios de la vida social como producto de un proceso acelerado de cambios que no ha dejado el tiempo necesario como para que se proceda a la institucionalización” (cfr. Alfredo Rodríguez).
            Lo que Durkheim busca en su moral es una serie de valores y normas sociales soporte de regulación social, por su valor integrador, terapéutico y moralizante. Pero me pregunto: ¿es posible esa serie de valores sociales sin un fundamento superior? ¿En que pues se fundamentan? ¿Es posible la formación de valores en una sociedad que solo busca el éxito fácil, la comodidad y el goce rápido y satisfactorio? Y la respuesta, a mi parecer es clara, los valores solo son posibles si se sustentan en virtudes.
            Pero, ¿Es posible la virtud en una sociedad alejada de Dios cuyo centro es únicamente el yo? Encontrar un núcleo de valores y normas sociales que sea capaz de convertirse en un soporte de regulación social, por su valor terapéutico y moralizante es lo que desea Durkheim. Sin embargo, parece que después de un siglo de historia no se ha podido llevar a cabo. ¿Estaría equivocado o es que todavía no ha habido tiempo suficiente para que se consolide su obra?
            Después de saber que “la sociología aparecía como discurso republicano y laico” no extraña que le falte la base del cristianismo que es la virtud. En el Amor, el hombre encuentra todas las normas porque, como dice San Agustín “ama y haz lo que quieras”. El republicanismo nunca podrá apostar por esta afirmación, ya que el Amor cristiano y el amor republicano son muy distintos. Y tampoco extraña que ponga todo su ímpetu en dominar en el ámbito educativo y pedagógico, el más vulnerable porque quienes lo forman, en cuanto a alumnado se refiere, es el más vulnerable y, luego, una vez se influye aquí pasará a influir a toda la sociedad.
            Los intentos de Durkheim por mejorar la sociedad parecen muy coherentes a simple vista, pero su error está en la base. Es fácil entender cómo a medida que las sociedades crecen se hacen más complejas y las diferencias se acentúan, y, por tanto, es necesaria la reconstrucción moral de la sociedad. Pero ¿no habría que preguntarse por qué esa complejidad? En sociedades más primitivas no ocurre así y el simple hecho de ser de la tribu es motivo necesario para el respeto y la ayuda. ¿Qué mal ocultan las sociedades modernas o contemporáneas? 
            En ese intento de construir una moral explica Durkheim que: “la actividad humana está regulada externamente por su vinculación con los demás individuos con los que se relaciona. De modo que no es cierto que la actividad humana pueda prescindir de todo freno. No hay nadie en el mundo que pueda gozar de semejante privilegio”…en otro momento afirma: “habrá tantas morales como sociedades existan”. Y ante esto, me atrevo a afirmar, que de esta forma el suicidio seguirá existiendo hasta el final de los tiempos, y la “falta de regulación y de control moral que sufren muchos espacios de la vida social como producto de un proceso acelerado de cambios que no ha dejado el tiempo necesario como para que se proceda a la institucionalización” (cfr. Alfredo Rodríguez) existirá siempre. Y es que así tiene respuesta la pregunta de “¿Cómo es posible que después de un siglo estemos en ese mismo punto de partida?”.
            La solución es difícil, pero como conclusión personal, creo que la enseñanza de una asignatura no es el remedio a los males de las sociedades de nuestras épocas. El gran problema existente es, sin lugar a dudas, la crisis de la familia. Ahí creo que está la causa de todos los males que intentamos atenuar o erradicar mediante asignaturas que suplan tantas carencias. En la familia constituida en virtudes se forman los ciudadanos virtuosos del mañana. En las manos de la mujer, de la Verdadera Mujer, no la mujer moderna o contemporánea, sino la virtuosa, que es universal para todos los tiempos, está la solución a tantos problemas. Soy feminista, sí. Pero del feminismo que engrandece a la mujer y la hace aquello para lo que verdaderamente fue creada, para dar amor y engendrar amor. Porque solo en el amor y en el bien se puede poner fin a la “falta de regulación y de control moral que sufren muchos espacios de la vida social como producto de un proceso acelerado de cambios que no ha dejado el tiempo necesario como para que se proceda a la institucionalización” (cfr. Alfredo Rodríguez).






























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