sábado, 15 de enero de 2011

El Amor salva a Martín, la Esperanza lucha por salvar.

Hna Mariana Bercini
MUP


            Escoger un tema para escribir, en el que se tenga algo para decir, puede resultar, para muchos, algo fácil. Lo difícil es ser acertado en lo que se dice y como se dice. Sé a quien me dirijo, conozco – bueno, voy conociendo- a mis lectores, a quienes considero personas capaces de entender de lo que les voy a hablar.  
            Para este segundo trabajo en el que reintento hacerlo algo mejor que el anterior, me he resuelto a decirles algo sobre un tema tan controvertido como es el aborto. Pero en esta oportunidad, no desde el punto de vista científico, ni político, ni legal. Tampoco desde la perspectiva pesimista, trágica o dolorosa de lo que esta experiencia puede significar para muchas personas. Sino más bien, con el pensamiento y los sentidos puestos en la esperanza, ya que se trata por un lado, de una milagrosa y genial idea de poder con nuestros medios ayudar a salvar una vida. Sí, de salvar a un niño de ser abortado y a una madre de cometer esa práctica. Me atrevo a contar dos situaciones o experiencias distintas pero con un mismo fin. Las protagonistas son Amor y Esperanza.
            En cuanto a la primera experiencia es una historia que he vivido últimamente, aunque más bien como testigo, ya que la protagonista es una de las Hermanas que forman la Comunidad a la que pertenezco. Se trata de la Hermana Amor de María. Estudiante de tercero de Biología, es una entusiasta de las ciencias y de manera particular le atrae la embriología y la genética. Para ella el poder estudiar esto como religiosa tiene un sentido muy distinto al que le puede dar cualquier otro alumno de Biología. Tiene como objetivo el aprender para ayudar a sus alumnos el día que de clase. Ayudarlos a valorar la vida, a que sepan cuidarla desde su origen divino, hasta su muerte natural, y a respetarla después de la muerte. Para ella la experiencia de poder ayudar a los demás con la oración y no sólo con la acción, la fortalece y anima para seguir buscando el poder hacer el bien.
            Un día en el recreo comunitario, nos contó que estaba haciendo una oración por un niño al que iba a salvar Ella se propuso “adoptar” espiritualmente a un niño en peligro de ser abortado, y al mismo tiempo se comprometió a rezar por su mamá. Le puso por nombre al niño Martín y lo encomendó cada día en sus oraciones. Ella está convencida que aunque nunca llegue a conocerlo aquí, lo conocerá en el cielo. Es una idea  de hacer una oración en la que se compromete a adoptar espiritualmente a un niño en peligro de ser abortado. Hay que rezar por él y por su madre diariamente durante nueve meses. Yo conocí esta “cadena de oración” hace nueve meses, cuando la Hermana Amor de María, nos la comentó. Se lanzó esta costumbre en California, debido al escandaloso número de abortos, y a las condiciones calamitosas en las que se estaban realizando. Son muchas las asociaciones que se han organizado como reacción a luchar en contra del aborto. Se las llama pro-vida. Tienen una manera particular de actuar. No usan la violencia, en muchas ocasiones se manifiestan en silencio, como símbolo de ese niño que no puede defenderse, suelen ponerse en las puertas de los Centros abortivos a rezar y a impedir si les es posible, que una mujer entre a abortar. También se dedican a dar conferencias por el mundo contando su propia experiencia y la cruel realidad por la que tiene que pasar una mujer que decide abortar. Ante la sugerencia de un grupo de personas que no podía por diversas circunstancias colaborar con estas manifestaciones pro-vida, surge la idea de la cadena de oración, que llegó de una manera providencial a oídos de la Hermana.
                        La segunda experiencia que les quiero contar es sobre Esperanza. Una mamá que abortó a su hijo, por circunstancias que ella misma no justifica, como son el que dirán, y el que estaba sola. A Esperanza la conocí en una tertulia que vino a darnos al Colegio Mayor en el que vivo. Debido a lo mal que quedó psicológicamente como consecuencia del aborto que practicó, decidió dar su testimonio para poder evitar que otras mujeres pasasen por esa misma situación. Lo de Esperanza terminó mal, por eso siempre que puede, lucha por intentar salvar una vida que ella no pudo.
            Ambas historias tiene un mismo fin. Cada una desde su circunstancia. Ambas con la mirada puesta en Dios. Porque saben que el Amor y la Esperanza salvan. 

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