domingo, 16 de enero de 2011

Prometo no aburrirte.

Hna. Mariana Bercini
MUP


            Después de haber leído el capítulo 3 de El taller de la Filosofía, ante tal cúmulo de “bien escribir” (cómo, cuándo, dónde, géneros literarios, currículo, recensiones…), se me ocurrió el siguiente pensamiento: ¡qué pérdida de tiempo haber escrito algo-corto o largo- y qué la gente se aburra! ¿Aburrir? ¿Qué es eso?
En la antigüedad se pensaba que el cuerpo producía humores negros causantes de la melancolía. El siglo XIX habló del esplín, la modernidad lo combatió con la utopía y, la post modernidad ha hecho del aburrimiento una experiencia colectiva que llegó a ser tema central de la prensa amarilla, las consultas psiquiátricas y la obsesión por ocupar el tiempo libre.
La reflexión que voy a desarrollar puede ser perfectamente titulada: “Autobiografías de millones de niños ¿inquietos?”, y responde a la pregunta: ¿Por qué nos aburrimos? Cuestión que se puede abordar desde distintas perspectivas: la filosófica, la médica (patológica), la psicológica, la literaria y la sociológica, pero la más oportuna en este momento es la “experimental” o “personal”.
Del aburrimiento han hablado autores como Pascal, Rousseau, Kant, Schopenhauer, Kierkegaard, Nietzsche, Heidegger… en el ámbito de la filosofía, y en literatura, autores como Goethe, Flaubert, Stendhal, Mann, Beckett, Dostoyevski, Baudelaire, Byron, Pessoa…y así podríamos hacer una lista interminable de por ejemplo psicólogos y psiquiatras.
             V. Jankelevitch, define al aburrimiento como un sentimiento, con mil rostros contradictorios. Es a la vez, la indiferencia o el mínimo interés por lo que sucede. No es escrúpulo ni preocupación, ya que la preocupación requiere al menos una materia, algo por que preocuparse, sin embargo el aburrimiento carece de materia. El aburrimiento es apoltronarse. El aburrimiento es una decepción. Un desengaño. Leí hace un tiempo que el aburrimiento es lo imposible a punto de realizarse.
            ¿Quién no se aburrió alguna vez? Es más, me atrevo a afirmar que tal estado no puede entenderse exclusivamente como consecuencia de la idiosincrasia individual, pues se trata de un fenómeno que abarca muchos o todos los aspectos vitales, de hecho, no es solo un estado interior, sino también una característica del mundo que nos rodea, pues somos testigos de una serie de prácticas sociales que “rezuman” aburrimiento. Ahora bien ¿el mundo se nos presenta como carente de sentido porque nos aburrimos, o nos aburrimos porque el mundo no tiene sentido? En la actualidad el ruido nos llama sin cesar, la neurosis del aburrimiento, que hace estragos en los países más ricos, se explica por la falta de vida interior y desde una perspectiva personal, considero la causa del aburrimiento la falta de valores en una sociedad en la que ya cuentan poco. En las universidades no se imparte ningún curso sobre el aburrimiento, y nuestra única experiencia del mismo es que solemos aburrirnos mientras realizamos nuestros estudios, sobre todo de asignaturas que realmente no te gustan o te cuestan. Una persona aburrida puede que sea inactiva, carente de eje, pero conozco personas hiperactivas que precisamente por ser así no soportan estar haciendo lo mismo más de un tiempo determinado...
            El tedio resulta surgir cuando nos resulta hacer lo que queremos hacer, pero, ¿si ignoramos lo que queremos hacer? Y aquí se haya uno de los problemas de la sociedad actual. El joven de hoy no sabe lo que quiere hacer, porque si tuvo la posibilidad de alguna experiencia y se aburrió, para qué intentarlo de nuevo. ¿Qué pasa cuando perdemos la orientación en la vida? Es entonces cuando caemos en un profundo aburrimiento que se asemeja a la apatía.
            Cuando pensé en este tema para el trabajo, se me ocurrió hacer un sondeo si podía o no ser un tema interesante, lo comenté entre las Hermanas de mi Comunidad y entre jóvenes de dieciocho a veinte años. Al decirle que trataría sobre el aburrimiento, la mayoría respondieron que no eran capaces de decir si se aburrían o no; otras que se aburrían de todo y que todo les aburría, y otras que nunca se aburrían. Es natural que no haya muchas personas capaces de dar una respuesta clara a la pregunta si se aburren o no. El hombre en la actualidad dispone de más tiempo, gracias a la industria moderna, lo que no implica que este tiempo “que le sobra lo aproveche”. Hay en la sociedad una falta de interés general por las cosas sencillas, antes nos entreteníamos con poco. Echo una mirada a mis sobrinos y me abruma la cantidad de juguetes que tienen. Miro a mi  hermano, que también gozó de abundancia  en entretenimientos, y está delante del televisor mirando una película que ya había visto dos veces, porque “está aburrido “, por lo tanto es predecible que mis sobrinos dentro de unos años les pase exactamente lo mismo que a mi hermano. Y pienso ¡con la cantidad de cosas buenas que hay para hacer!
            Por ello llego a la conclusión, de que si alguna vez escribo algo y la gente se aburre, quizá lo pueda justificar con que es algo cultural, que está en el ambiente. Y aunque produzca pena decirlo, el incremento de los índices de tedio significa una deficiencia grave de vida social y cultural.
            No existen estudios fiables de la cantidad de personas que se aburren, las cifras varían. Por eso es muy difícil decir si el aburrimiento remite, aumenta o se presenta constante entre la población. A lo que a mi respecta, personalmente, lucharé para no caer en este estado, cuyas consecuencias son desagradables, y al mismo tiempo, intentaré no hacer caer a otros en el mismo estado.
            Hay una frase que al leer un libro, el cual no recuerdo, me llamó la atención por su realidad: “no nos resulta difícil perdonar a quienes nos aburren, pero jamás perdonamos a aquellos a quienes nosotros aburrimos”.


Educar es comunicar. Comunicar es educar.

Hna. Mariana Bercini
MUP


Me llamó agradablemente la atención la frase que leí en el capítulo 4 de El taller de la filosofía, cuando dice que “la educación es la relación interpersonal más comunicativa que hay” (p. 194) Y educación se refiere tanto a enseñanza como aprendizaje. Debo reconocer que como futura profesora uno de mis mayores temores es no saber comunicar. Comunicar lo que pienso, lo que siento, lo que enseño… comunicarme con mis alumnos.
Me licencié en Humanidades en el año 2010 en la Universidad de Navarra. Llevo cuatro meses haciendo el Máster Universitario para Profesores.  Una de las frases que más me llamó la atención en una de las clases a la que asistí con razón de prepararme para el profesorado fue: “es tremendo el poder o la responsabilidad que el profesor puede ejercer sobre el alumno, cuando existe entre ambos una posible comunicación”. Esta declaración de un profesor de secundaria me ha llevado a pensar la importancia de esta vocación cuyo fin inmediato son las personas que se relacionan entre si, por medio de la comunicación.
             Considero que educar es un proceso de socialización, de desarrollo humano, donde una comunidad o un grupo social transmite –siguiendo a Dewey- “su capacidad adquirida y sus propósitos”, por medio de la comunicación. Por eso personalmente creo que educar es ayudar a crecer (en integridad, personalidad, solidaridad, compromiso),sin olvidar nunca que un proyecto de mejora supone siempre la afirmación de valores. El profesor tiene que estar convencido de que existen cosas buenísimas para dar y de que la educación es una tarea compartida, ya que el propio educador, al educar también se educa y crece. Esto me parece muy importante, ya que el profesor tiene mucho que aprender de sus alumnos, de lo que estos le comunican, que en este caso no sólo son instrucciones académicas sino, actitudes, logros, fracasos, alegrías…
            Estoy convencida que la educación de un adolescente se realiza entre tres sujetos: alumno, profesor y padres, contando además con el mundo exterior (compañías, redes sociales…) La relación entre los profesores y los padres es fundamental. Tiene que existir una confianza entre ambos, de tal modo que el profesor pueda actuar con libertad y los padres con “tranquilidad”. Y, ¿cómo se logra esto si no es por medio de un entendimiento, entiéndase buena comuniación?
            Recuerdo de manera especial a mis maestros y profesores que supieron ser grandes comunicadores de su asignatura, como de la vida misma. Por nombrar a algunos de ellos, el primer puesto, lo ocupa la “Puri” (así le decíamos, no por llamarse Purificación, sino porque su apellido era Puriccelli) No solo se limitaba a impartirnos Lengua y Literatura, sino que transmitía la asignatura de una manera atrayente a todos los alumnos, incluso, para aquellos que nos gustaba poco. El segundo puesto, se lo gana Bechi Bellesi, profesora de Historia. Bechi, por diversas circunstancias, quizá ideológicas, no se llevaba bien con todos mis compañeros. Sin embargo, era una profesora que todos respetábamos y esperábamos sus clases con intriga, porque nunca sabíamos con que nos iba a sorprender. Era una comunicadora genial. Se adaptaba a nosotros con facilidad. Le podíamos comentar todo lo que pasaba dentro o fuera de la clase, y se preocupaba por darnos soluciones a todo cuanto le cuestionábamos.
            Reconozco que el ser buen comunicador no es nada fácil, más aún con la mentalidad de los adolescentes de hoy en día. La mejor manera de dar de lo que tenemos, es hablando, dialogando, dando razones, mandando a hacer, y siempre dando ejemplo. Que el alumno vea en nosotros que nos ocupamos, que les damos oportunidades, que explicamos, que buscamos soluciones.
Ciertamente tendré que educar, enseñar, formar a alguien, y ayudarlo a aprender, a razonar,  pero principalmente a crecer. Esto puede ser loable en la medida en que sea capaz de implicarme. La clave de todo está en saber comunicar lo que deseo, lo que se que es bueno para ellos.
Para finalizar el trabajo, me gustaría “ponerme” una pequeña meta, que desearía cumplir a lo largo de mi vida como profesora: que sepa entender al alumno, que no me cierre, que tenga capacidad de traducir para comprender lo que el alumno quiere o espera, que le ayude a crecer como persona y para eso me parece oportuno recordar que:

Para saber lo que hay que hacer,
hay que hacer lo que quieres saber.






sábado, 15 de enero de 2011

El Amor salva a Martín, la Esperanza lucha por salvar.

Hna Mariana Bercini
MUP


            Escoger un tema para escribir, en el que se tenga algo para decir, puede resultar, para muchos, algo fácil. Lo difícil es ser acertado en lo que se dice y como se dice. Sé a quien me dirijo, conozco – bueno, voy conociendo- a mis lectores, a quienes considero personas capaces de entender de lo que les voy a hablar.  
            Para este segundo trabajo en el que reintento hacerlo algo mejor que el anterior, me he resuelto a decirles algo sobre un tema tan controvertido como es el aborto. Pero en esta oportunidad, no desde el punto de vista científico, ni político, ni legal. Tampoco desde la perspectiva pesimista, trágica o dolorosa de lo que esta experiencia puede significar para muchas personas. Sino más bien, con el pensamiento y los sentidos puestos en la esperanza, ya que se trata por un lado, de una milagrosa y genial idea de poder con nuestros medios ayudar a salvar una vida. Sí, de salvar a un niño de ser abortado y a una madre de cometer esa práctica. Me atrevo a contar dos situaciones o experiencias distintas pero con un mismo fin. Las protagonistas son Amor y Esperanza.
            En cuanto a la primera experiencia es una historia que he vivido últimamente, aunque más bien como testigo, ya que la protagonista es una de las Hermanas que forman la Comunidad a la que pertenezco. Se trata de la Hermana Amor de María. Estudiante de tercero de Biología, es una entusiasta de las ciencias y de manera particular le atrae la embriología y la genética. Para ella el poder estudiar esto como religiosa tiene un sentido muy distinto al que le puede dar cualquier otro alumno de Biología. Tiene como objetivo el aprender para ayudar a sus alumnos el día que de clase. Ayudarlos a valorar la vida, a que sepan cuidarla desde su origen divino, hasta su muerte natural, y a respetarla después de la muerte. Para ella la experiencia de poder ayudar a los demás con la oración y no sólo con la acción, la fortalece y anima para seguir buscando el poder hacer el bien.
            Un día en el recreo comunitario, nos contó que estaba haciendo una oración por un niño al que iba a salvar Ella se propuso “adoptar” espiritualmente a un niño en peligro de ser abortado, y al mismo tiempo se comprometió a rezar por su mamá. Le puso por nombre al niño Martín y lo encomendó cada día en sus oraciones. Ella está convencida que aunque nunca llegue a conocerlo aquí, lo conocerá en el cielo. Es una idea  de hacer una oración en la que se compromete a adoptar espiritualmente a un niño en peligro de ser abortado. Hay que rezar por él y por su madre diariamente durante nueve meses. Yo conocí esta “cadena de oración” hace nueve meses, cuando la Hermana Amor de María, nos la comentó. Se lanzó esta costumbre en California, debido al escandaloso número de abortos, y a las condiciones calamitosas en las que se estaban realizando. Son muchas las asociaciones que se han organizado como reacción a luchar en contra del aborto. Se las llama pro-vida. Tienen una manera particular de actuar. No usan la violencia, en muchas ocasiones se manifiestan en silencio, como símbolo de ese niño que no puede defenderse, suelen ponerse en las puertas de los Centros abortivos a rezar y a impedir si les es posible, que una mujer entre a abortar. También se dedican a dar conferencias por el mundo contando su propia experiencia y la cruel realidad por la que tiene que pasar una mujer que decide abortar. Ante la sugerencia de un grupo de personas que no podía por diversas circunstancias colaborar con estas manifestaciones pro-vida, surge la idea de la cadena de oración, que llegó de una manera providencial a oídos de la Hermana.
                        La segunda experiencia que les quiero contar es sobre Esperanza. Una mamá que abortó a su hijo, por circunstancias que ella misma no justifica, como son el que dirán, y el que estaba sola. A Esperanza la conocí en una tertulia que vino a darnos al Colegio Mayor en el que vivo. Debido a lo mal que quedó psicológicamente como consecuencia del aborto que practicó, decidió dar su testimonio para poder evitar que otras mujeres pasasen por esa misma situación. Lo de Esperanza terminó mal, por eso siempre que puede, lucha por intentar salvar una vida que ella no pudo.
            Ambas historias tiene un mismo fin. Cada una desde su circunstancia. Ambas con la mirada puesta en Dios. Porque saben que el Amor y la Esperanza salvan. 

Lo novedoso llama la atención

Hna. Mariana Bercini
MUP



            Solamente una vez tuve que escribir sobre mi vida. Fue para un trabajo de Historia contemporánea, en el que el profesor nos exhortaba a recordar el pasado, reflexionar sobre el presente y para el que era valiente, proyectar hacia el futuro. No se si me ayudó a crecer en hondura, creatividad y transparencia (cfr. p. 25), pero de lo que si estoy segura, es que el poder llevar a cabo la actividad de articular entre pensamiento y vida, es una tarea y un “desafío”, difícil y comprometido. Difícil, porque con el paso del tiempo las cosas se ven diferentes. Y lo que en su momento veíamos una catástrofe, los años se van encargando de hacerlo más liviano. Con respecto a esta cuestión, me llamó mucho la atención, la frase que leí en el libro “…hay muchas verdades triviales que no tienen interés ni importancia alguna” (cfr p 34) y lo primero que se me ocurre es preguntarme si la verdad es siempre la misma o una verdad que para mi lo era hace quince años ahora ha dejado de serlo. Y me respondo, considero que una verdad siempre es verdad “ayer, hoy y siempre” (Carta a lo Hebreos, 13, 8), lo que si me parece oportuno apuntar es que –y ahora me pongo en la piel de un profesor- para un adolescente lo que ahora es verdad en unas horas dependiendo de las circunstancias o del estado de ánimo, deja de serlo. Y esto es precisamente por una cuestión que hoy en día caracteriza especialmente a esta sociedad que es la inseguridad que tienen nuestros teenergers, y que les hace tambalear delante de una verdad verdadera. Me cuestiono realmente la idea de verdades triviales, y me cuesta aplicarlo a otra cuestión que no sea la explicada hacia el adolescente. Aunque la trivialidad, la inconstancia, no solo son “actitudes” del adolescente, sino que me atrevería a afirmar que mucho tiene que ver la forma en que haya sido educado una niño, para corresponder en su actuar de mayor. Y no estoy alegando que no existe la posibilidad del cambio, al que para todos es posible, pero insisto que una buena educación hace la vida de las personas mejor.
            Otras de las frases que me llamó la atención del libro, y que la relaciono con lo expresado anteriormente es: “La carencia de rigor conduce a la ambigüedad y a la confusión, la falta de profundidad a la trivialidad y a la superficialidad” (cfr. p. 36). Al buscar un sinónimo de rigor uno se encuentra con dos tipos de descripciones, o bien rigor en tanto dureza o severidad, o bien rigor como firmeza y tenacidad. Con estas dos últimas me quedo. ¡Qué importante debe ser para toda persona el formarse con o en la firmeza y la tenacidad, para, entre otras cosas, evitar caer en la ambigüedad! Una persona firme está realmente convencida de sus ideales, y no se deja llevar por cualquier corriente que pasa. Para él la verdad, no es relativa, se conoce a si mismo, y puede ser capaz de llevar hasta las últimas consecuencias la verdad en la que está cimentada. La persona tenaz, es la que es constante, lucha, avanza hacia delante y aunque el viaje se le haga largo y duro, no lo abandona. Tiene la mirada fija en unas metas concretas, a la que seguramente llegará por su fuerza de voluntad. Pienso ahora mismo en una persona que estudia, que trabaja, pero también que lleva una vida de oración dirigida. Estas dos virtudes favorecen, especialmente, al desarrollo y madurez de las personas, y ayudan a evitar a caer en defectos como la ambigüedad, la confusión, la trivialiadad y la frivolidad.
            La ambigüedad, así como la superficialidad son otros de los problemas o vicios de los cuales el hombre de nuestra sociedad es su gran víctima. ¡Cuánta desconfianza me da una persona ambigua! Sin embargo, el sentimiento que me causa una persona frívola (a no ser que yo también lo sea) es más bien de cansancio, de saturación o incluso de pena. Como futura profesora, considero que puede ser importante el saber tratar a este tipo de personas, que, según los tiempos que corren, no parece vaya a disminuir la cantidad.
            Como bien expresa en el libro, según Peirce, sólo lo novedoso llama la atención (tarea del frívolo), por lo tanto, y como consecuencia de esto, como lo más ordinario nos resulta transparente, no lo advertimos Es una pena, que solo me deje llevar por lo extraordinario, lo novedoso, lo que me causa sensación ahora, y no porque esté mal, sino porque dejamos de lado cosas maravillosas que por ser tan mías no soy capaz de darles el valor que realmente tienen. Y que por no cuidarlas se me pueden escapar. Y sino ¿qué le ocurrió al hermano mayor del Hijo pródigo?

Curriculum Vitae

DATOS PERSONALES

Nombre y Apellido: Carmen de la Flor
Fecha de nacimiento: 13 de enero de 1982
Lugar de nacimiento: Cádiz
 

FORMACIÓN ACADÉMICA
2005-2010
Licenciada en Humanidades por la Universidad de Navarra.
2010-2011
Máster en profesorado por la Universidad de Navarra.

EXPERIENCIA PROFESIONAL

  • Meses de julio y agosto de los años 1999 a 2001
Contrato de dos meses en la Empresa “La Merced Pastelería”. Trabajos múltiples.
·        Impartí clases particulares de química orgánica e inorgánica en el curso 2000-2001. Lo hice de forma gratuita.
IDIOMAS
INGLÉS
Nivel medio. Título de la Escuela Oficial de Idiomas.
FRANCÉS
Nivel bajo.
INFORMÁTICA
Conocimientos medios-altos a nivel usuario:
  • Windows
  • Procesadores de Texto: Microsoft Word
  • Hojas de Cálculo: Excel
  • Bases de Datos: Access
  • Power point
  • One note
  • Internet
  • Outlook

OTROS DATOS DE INTERÉS
Carné de conducir B, Disponibilidad para viajar.
EN LA ACTUALIDAD
·        Participo en la dirección del coro del Colegio Mayor junto con otra hermana de la Comunidad. De los cursos 2006 a 2008 dicha dirección la ocupé en solitario.
·        Me ocupo del mantenimiento del Colegio Mayor en:
-         Electricidad.
-         Fontanería.
-         Carpintería tradicional y metálica.



El corazón del artista.

Hna. Carmen de la Flor
MUP
            Mientras leía el capítulo tercero del libro del taller de la filosofía me preguntaba: “Pero, ¿cómo escribir?”[1] Y acto seguido encontré la respuesta: “Pues escribiendo, despacito, una palabra, detrás de otra”[2]. Porque “No existe inspiración, o la inspiración es más bien verbum cordis, palabra del corazón. Frente a la existencia lógica de las ideas en la razón especulativa que filosofa, las ideas viven en el corazón del artista como formas y sobre todo crecen en las manos del filósofo cuando escribe como en las del artista cuando esculpe o pinta”. [3] Y de esta forma me dispuse a escribir aquello que llevo en mi corazón. Aquello en lo que reflexiono y siento…
         En estos días en los que me disponía a redactar mi currículum vitae me daba la sensación de que poco podía decir, de que nada en mi vida tiene un especial interés. Mi vida tiene de grandeza que soy un alma consagrada pero poco más, ya que ingresé en el convento muy joven y no me dio tiempo a hacer mucho.
         Al pensar en mi currículum pienso en mi hermano, que tiene cuatro años y medio menos que yo y la diferencia de títulos y aspiraciones es muy grande. Él ha terminado la licenciatura en Publicidad, la Diplomatura en Turismo, un máster de calidad europea en la Universidad Complutense, por el que aún realiza sus prácticas como becario en una de las mejores empresas de publicidad en España, y estudia a distancia los dos últimos años de la Licenciatura en Periodismo. Pero a pesar de todo esto no está contento. En realidad, él siempre quiso dedicarse a la investigación, desea desde hace varios años hacer el doctorado y ha movido Roma con Santiago para poder pagarlo mediante una beca pero siempre se queda a las puertas, ya que mis padres no pueden ayudarle.
         Si quisiera, le han ofrecido hacerle un contrato en la empresa en la que trabaja pero cree que se aprovechan de los recién licenciados, les pagan poco y trabajan mucho. Ahora ha decidido ir a trabajar al extranjero. Pero tiene que pasar una ardua selección. En principio eran unos quinientos aspirantes, de los que solo quedan veinte, para ocupar unas cuatro o cinco plazas. Lo tiene duro, es cierto, pero es optimista, emprendedor, tiene muy buena presencia y mucha labia. Además es trabajador y perfeccionista, a la vez que formal. Un elenco de valores que se echan muy en falta hoy en día. Pero tiene un gran defecto: se considera agnóstico.  De niño era muy piadoso y por él yo comencé a ir los domingos a la Santa Misa, ya que hacía muchos años que había dejado de asistir. A él le dolió palpablemente mi ingreso en el Noviciado ya que lo dejaba sólo en casa con quince años, quizás cuando más me necesitaba. Siempre he pensado que se enfadó con Dios pero que algún día volverá al buen camino.
         Debo confesar que quiero a mi hermano con toda mi alma y que lo admiro por todo lo que ha hecho con solo veinticuatro años recién cumplidos, pero me da mucha pena comprobar que aunque aparentemente todo le sonríe, también en el plano sentimental, ya que lleva siete años con su novia, sin embargo, yo noto en su conversación y en su mirada, insatisfacción. Él siempre busca más, siempre quiso ser el mejor en todo, en pocas palabras: su corazón tiende a la perfección. Y ésta sólo la puede alcanzar en unión con Dios.
         Yo, sin embargo, apenas tengo una carrera. A diferencia de él que habla cuatro idiomas, solo me defiendo en el español. Y ya voy camino de los treinta… pero tengo la certeza, la alegría y la satisfacción de haber encontrado mi lugar en el mundo. Si algo me causa pena es no ser más consecuente con mi llamamiento, quedarme en ocasiones demasiado en mí misma y no saber trascender como debo. Pero, por lo demás, no necesito nada. No me importa dónde iré y dónde dejaré de ir. No tengo mayor aspiración que la lucha por mi santidad.
         Y soy consciente de que observar a mi hermano es ver a una persona luchadora, en creciente deseo de superación. Lo triste es cuando percibo a mi alrededor chicas que nada les llena en esta vida. Pasan por el mundo inmersas en la pereza. En el “me apetece o no me apetece”. Son parásitos que viven del esfuerzo de sus padres. Y lo peor es que consideran que hacen bien, que son jóvenes y que tienen que vivir la vida.  Son estudiantes y no estudian, que ocurrirá cuando sean trabajadoras… ¿no trabajarán?... la virtud no se consigue en un día.
         Nosotras intentamos ayudarlas y, gracias a Dios, vemos en ellas, a lo largo de los años, cambios notables que nos ayudan a no desanimarnos en la lucha. Porque, en algunas ocasiones, parece que, hoy en día, la educación y la formación en valores nos corresponden a nosotros los educadores más que a los padres.
           



[1] Nubiola, el taller de la filosofía, p. 175

[2] Nubiola, el taller de la filosofía, p. 175

[3] Nubiola, el taller de la filosofía, p. 173


¿Qué hacer cuando ante casi todo se duda?

Hna. Carmen de la Flor
MUP
            Es una pregunta que me hago muy a menudo cuando pienso en mi trabajo de fin de máster. ¿Qué tema elegir? ¿Qué materia? ¿Hay algo que me guste especialmente?... Son preguntas que en la mayoría de los casos no tiene respuesta. Y el hecho de tener que entregar un boceto que indique cual va a ser mi línea de trabajo me angustia. Sí, es cierto que hay temas muy interesantes para mí y a los que les dedicaría una parte importante de mi vida. Pero todos aquellos en los que pienso están relacionados con la investigación personal y no tanto relacionados con la secundaria. Esta reflexión surge en mí a raíz de la lectura del capítulo cuarto del libro que estamos leyendo. No debemos hacer una tesis doctoral, pero nuestro trabajo de fin de máster sigue las líneas generales de éste. Pensaba en qué es lo primero que debo hacer para que mi trabajo sea fructuoso y hallé la respuesta en el texto: “Para el feliz desarrollo del trabajo cooperativo que es una tesis doctoral hace falta una cierta empatía entre quien escribe su tesis y quien la dirige, unas “buenas vibraciones” que sin necesidad de palabras creen el marco de ese diálogo enriquecedor”[1]. Ninguno de nosotros hemos elegido a nuestro tutor pero debo confesar que desde el principio estuve de acuerdo con el que me habían asignado.  Por mi parte, hay “buenas vibraciones” aunque por la suya nada sé. La verdad es que la razón por la que nos conocimos no fue del todo agradable pero ya aquel día sentí que era una persona comprensiva y dispuesta al diálogo… en su mirada vi sinceridad y cercanía. Ahora creo haber comprobado que realmente es así y, sin duda, estoy de acuerdo con él en afirmar que: “La relación básica entre los seres humanos es la confianza, y la confianza no se impone, sino que se inspira. Nos inspiran confianza quienes se empeñan por articular lo que dicen con lo que hacen, por aunar su pensamiento y su vivir. Sobre todo nos inspiran confianza quienes nos quieren y no tienen reparo en que se note, quienes nos tratan familiarmente. Por eso, para forjar relaciones comunicativas con los demás lo que se necesita es corazón”[2]. Y es que cuando en las relaciones personales de amistad, de camarería e incluso me atrevería a afirmar, de investigación cooperativa hay Amor, todo se hace más fácil y sencillo. Las dificultades se superan fácilmente y todo lo suple la comprensión que brota del amor.
            Es cierto que tengo una ventaja especial en el conocimiento de mi tutor. Sé como piensa, cómo trabaja y qué es lo que espera. La lectura del libro del taller de la filosofía me ayuda a conocerlo mejor y a saber cuáles serán las líneas por las que desea que este trabajo vaya adelante. El amor a mis lectores, el trabajo eficaz y laborioso. La corrección en la expresión y en la ortografía. La sencillez y la tenacidad son virtudes que intuyo son para él muy importantes y que desea transmitir a sus alumnos y doctorandos.             Tengo la certeza de que me corregirá rápidamente si me equivoco y que buscará en todo momento el trabajo bien hecho, el trabajo con perfección.
            La perfección es una meta en mi vida, que sé no conseguiré en este mundo, pero el tender a ella hace mi trabajo mejor y mi vida más feliz. Ya que consciente o inconscientemente el hombre busca siempre y en todo lo mejor. Me impresiona pensar que por mi tipo de vida, estoy siempre deseosa de saber, de conocer la Verdad. La que para mí es la única verdad, mi silencio cuando es verdadero silencio es búsqueda incansable, diálogo amoroso con aquel que llena mi vida. Mi silencio es amor, es comprensión, es entrega a la vez es afianzamiento en una vida no fácil, pero hermosa. Pero soy consciente de que “Los seres humanos naturalmente anhelamos saber, pero lo que sobre todo necesitamos es sentirnos comprendidos. La comprensión incluye no sólo la captación intelectual, sino también el afecto. Quienes se dedican profesionalmente a la búsqueda de la verdad desean comunicar la verdad hallada, desean compartirla con los demás – e incluso con aquellos que todavía no han nacido pero que algún día, quizá por casualidad, llegarán a leer sus libros”[3], sus apuntes, sus reflexiones… ¡Cuánto he aprendido yo de personas sabias que han sabido dar a entender sus pensamientos! ¡Cuánto debe la Iglesia a sus Santos Padres y Doctores!
            En fin, sé que ya tengo mucho camino adelantado pero me falta algo muy importante: elegir el tema a estudiar. Mientras lo encuentro seguiré leyendo y trabajando. Seguiré luchando por encontrar lo bueno y noble  que hay dentro de mí para saber transmitirlo a mis futuros alumnos y ayudarlos en su búsqueda de la Verdad.























[1] Nubiola, el taller de la filosofía, p. 201.
[2] Nubiola, el taller de la filosofía, p. 205.
[3] Nubiola, el taller de la filosofía, p. 185.

POSEES LOS MEDIOS, ALCANZA EL FIN.

Hna. Carmen de la Flor
MUP


¿Cualquier edad es buena para desarrollar la vida intelectual? Algunos autores afirman que no. Cada uno de nosotros estamos orientados a uno u otro saber, el intelectual o el práctico, y desde pequeños se configura nuestra tendencia. Por experiencia personal creo que esto no es del todo cierto, y que como dice Don Jaime Nubiola: “cada uno es como quiere ser”[1]. Recuerdo dos casos concretos que me ayudan a pensar así:
El primero es el del  hermano de una amiga, que decidió a sus dieciocho años recién cumplidos, que después de estudiar C.O.U. (Curso de Orientación Universitaria, vigente hasta el curso 2000/2001) abandonaría el estudio y se dedicaría a trabajar. Su padre, hombre sabio, no por sus estudios, ni títulos universitarios, sino por todo el saber que los años de experiencia le habían proporcionado y, deseando que su hijo, sí pudiera tener los títulos que él no había tenido, decidió introducirlo en el mundo de la construcción en el que él mismo trabajaba como dueño de una empresa. Pero no colocó a su hijo en la administración, ni en lugares fáciles, sino que el trabajo que Alejandro realizaría, así se llamaba el chico, sería de peón de albañil. Y pidió a sus trabajadores que dieran a su hijo los trabajos más duros y cansados.
            Alejandro era un chico fuerte y testarudo y estaba dispuesto a trabajar cuanto hiciera falta. Todos los días madrugaba para estar en la obra y llegaba a casa rendido. Así aguantó todo un año, en parte, porque él había tomado una decisión, en parte, porque no quería hacer lo que él intuía que sus padres deseaban: que volviera a estudiar.
            Pero un día al levantar se preguntó a sí mismo: ¿qué necesidad tengo yo de estar toda mi vida trabajando de albañil? ¡Quizá pueda seguir estudiando y trabajar en algo que verdaderamente me guste! Y una vez más, fue a su padre para comentarle su nueva decisión. Francisco, una vez más tan acertado, le dijo que no tenía inconveniente en que eso fuera así, pero que debía terminar su contrato, que aún le faltaban dos meses, que lo siguiera considerando y que si continuaba con esa idea de volver a estudiar que él no se opondría. De esta forma, Alejandro no vio en su padre un excesivo deseo en que siguiera estudiando y creyó que esta decisión era totalmente suya. Durante los dos meses siguientes se iba afianzando su deseo de estudiar e incluso sacaba momentos de estudio para ponerse al día y ganar todo lo que en un año “había perdido”.
            El nuevo curso, Alejandro se matriculó en la Licenciatura de Historia, comenzó a estudiar y llegó a ser el mejor de su clase, había descubierto quién era y la vida intelectual pasó a tener un papel relevante para él.
El segundo caso es el de una chica que desde muy pequeña le costaba estudiar. Era inquieta y necesitaba saltar y correr como lo hacían los varones de su edad, algo que no solían hacer las chicas. Todo lo que implicaba movimiento, incluso el trabajo físico, suponía para ella una fuente de desahogo, mientras que el trabajo intelectual, la acelereraba e inquietaba. En clase no destacaba, salvo porque era un poco payasa y su nota media era de 6, a pesar de que el tiempo que dedicaba al estudio personal era prácticamente nulo. Los años pasaban y su voluntad, totalmente dormida, parecía que no iba a despertar jamás. Pero ocurrió algo insólito, para ella y para todos los que la rodeaban, sintió que Dios la llamaba a la vida religiosa y, sin saber cómo ni porqué, al final, tras mucho rebelarse ante su Señor, no pudo sino darle todo y, con ello, también, la lucha por la perfección de su voluntad. A esta chica que se presentó obligada a Selectividad (prueba de acceso a la universidad)  por su madre, pues deseaba ser monja y dejar de estudiar, el Señor la llevó por otro camino. Comenzó a ejercitar la voluntad durante su Noviciado y sigue luchando día a día para no dejarse llevar de la debilidad. Cuando menos lo pensaba, su Congregación pensó en ella para estudiar una Carrera Universitaria de letras. Y, hoy por hoy, se siente inmensamente feliz, ha descubierto la grandeza de la vida intelectual y, muy en particular, de las Humanidades. Cada día observa que puede hacerse filosofía en cualquier circunstancia, es más, que la vida es filosofía. El pensar la hace más libre, más dueña de sí misma y con ello más responsable y  eficaz en su vida consagrada, porque “la reflexión filosófica se nutre de la experiencia ordinaria: “la Filosofía es la ciencia que se limita a averiguar lo que puede de la experiencia ordinaria de cada día, sin hacer observaciones especializadas”.[2]



[1] Nubiola, El taller de la filosofía, p. 25.
[2] Nubiola, El taller de la filosofía, p.42.

lunes, 10 de enero de 2011

DE LA CONSTITUCIÓN MORAL DE LA SOCIEDAD A LA EDUCACIÓN MORAL SEGÚN DURKHEIM.

     ¿Cómo mejorar el texto de Durkheim? Fue la primera pregunta ante la que nos enfrentábamos en clase. La evidencia era clara, el pensamiento también, pero las palabras no fueron las adecuadas. Ahora, sabiendo la solución verdadera me enfrento al comentario de este texto sabiendo que sólo desde la formación interior de la virtud y, por tanto, de la adquisición de hábitos buenos, el hombre es capaz de llegar al bien personal y social. Durkheim nos muestra dos grandes problemas en la sociedad:
1. Demanda en la sociedad de una educación cívica como consecuencia del deterioro moral de la sociedad y su consiguiente falta de cohesión social.
2. Enorme suicidio en nuestra sociedad actual.
            El gran problema de la sociedad en que vivía Durkheim es la anomia, que se explica como resultado de la “falta de regulación y de control moral que sufren muchos espacios de la vida social como producto de un proceso acelerado de cambios que no ha dejado el tiempo necesario como para que se proceda a la institucionalización” (cfr. Alfredo Rodríguez).
            Lo que Durkheim busca en su moral es una serie de valores y normas sociales soporte de regulación social, por su valor integrador, terapéutico y moralizante. Pero me pregunto: ¿es posible esa serie de valores sociales sin un fundamento superior? ¿En que pues se fundamentan? ¿Es posible la formación de valores en una sociedad que solo busca el éxito fácil, la comodidad y el goce rápido y satisfactorio? Y la respuesta, a mi parecer es clara, los valores solo son posibles si se sustentan en virtudes.
            Pero, ¿Es posible la virtud en una sociedad alejada de Dios cuyo centro es únicamente el yo? Encontrar un núcleo de valores y normas sociales que sea capaz de convertirse en un soporte de regulación social, por su valor terapéutico y moralizante es lo que desea Durkheim. Sin embargo, parece que después de un siglo de historia no se ha podido llevar a cabo. ¿Estaría equivocado o es que todavía no ha habido tiempo suficiente para que se consolide su obra?
            Después de saber que “la sociología aparecía como discurso republicano y laico” no extraña que le falte la base del cristianismo que es la virtud. En el Amor, el hombre encuentra todas las normas porque, como dice San Agustín “ama y haz lo que quieras”. El republicanismo nunca podrá apostar por esta afirmación, ya que el Amor cristiano y el amor republicano son muy distintos. Y tampoco extraña que ponga todo su ímpetu en dominar en el ámbito educativo y pedagógico, el más vulnerable porque quienes lo forman, en cuanto a alumnado se refiere, es el más vulnerable y, luego, una vez se influye aquí pasará a influir a toda la sociedad.
            Los intentos de Durkheim por mejorar la sociedad parecen muy coherentes a simple vista, pero su error está en la base. Es fácil entender cómo a medida que las sociedades crecen se hacen más complejas y las diferencias se acentúan, y, por tanto, es necesaria la reconstrucción moral de la sociedad. Pero ¿no habría que preguntarse por qué esa complejidad? En sociedades más primitivas no ocurre así y el simple hecho de ser de la tribu es motivo necesario para el respeto y la ayuda. ¿Qué mal ocultan las sociedades modernas o contemporáneas? 
            En ese intento de construir una moral explica Durkheim que: “la actividad humana está regulada externamente por su vinculación con los demás individuos con los que se relaciona. De modo que no es cierto que la actividad humana pueda prescindir de todo freno. No hay nadie en el mundo que pueda gozar de semejante privilegio”…en otro momento afirma: “habrá tantas morales como sociedades existan”. Y ante esto, me atrevo a afirmar, que de esta forma el suicidio seguirá existiendo hasta el final de los tiempos, y la “falta de regulación y de control moral que sufren muchos espacios de la vida social como producto de un proceso acelerado de cambios que no ha dejado el tiempo necesario como para que se proceda a la institucionalización” (cfr. Alfredo Rodríguez) existirá siempre. Y es que así tiene respuesta la pregunta de “¿Cómo es posible que después de un siglo estemos en ese mismo punto de partida?”.
            La solución es difícil, pero como conclusión personal, creo que la enseñanza de una asignatura no es el remedio a los males de las sociedades de nuestras épocas. El gran problema existente es, sin lugar a dudas, la crisis de la familia. Ahí creo que está la causa de todos los males que intentamos atenuar o erradicar mediante asignaturas que suplan tantas carencias. En la familia constituida en virtudes se forman los ciudadanos virtuosos del mañana. En las manos de la mujer, de la Verdadera Mujer, no la mujer moderna o contemporánea, sino la virtuosa, que es universal para todos los tiempos, está la solución a tantos problemas. Soy feminista, sí. Pero del feminismo que engrandece a la mujer y la hace aquello para lo que verdaderamente fue creada, para dar amor y engendrar amor. Porque solo en el amor y en el bien se puede poner fin a la “falta de regulación y de control moral que sufren muchos espacios de la vida social como producto de un proceso acelerado de cambios que no ha dejado el tiempo necesario como para que se proceda a la institucionalización” (cfr. Alfredo Rodríguez).